En estos días especialmente el desgaste al que se ve sometido el
término crisis por cuenta de los rescates europeos es excepcional, y me da para
reflexionar el efecto de dicho termino en la imaginación del consumidor. Primero debo partir por reconocer que cierto
morbo me obliga saborearme cada vez que algún local se amalaya la existencia
por cuenta de esta neo-crisis que los llena de tristezas, sí, es el morbo de la
venganza, la venganza de ese sudaca exaltado que llevo dentro, y que tanto
quiero, es ese morbo de aquel que toda la vida ha esperado porque ese verdugo
sufra lo que alguna vez sufrió. Pido
disculpas de antemano a todo aquel que pueda llegar a ver heridas sus
susceptibilidades por cuenta de mis ideas, pero tienen la fortuna de no tener
que compartirlas.
Señores, las crisis no son para temer. Soy producto (y muchos podrán alegar que tal vez defectuoso) de una tierra que ha vivido en crisis desde aquella fatídica mañana
de ese 12 de octubre en el que un navegante aventurero se tropezó con un
continente que era pujante, lleno de sabiduría y de tradición y lo convirtió en
el cagadero de una península monárquica y asquerosamente católica. Nunca más fuimos los mismos, y hemos vivido
en crisis por los últimos casi ya 6 siglos.
Y en esta crisis han surgido cosas maravillosas de las que los que
habitan a este lado se pierden porque los crían incapaces de ver allende el
mar.
Señores nosotros somos dueños de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, de Lola Beltrán, Mercedes Sosa,
Celia Cruz, Bebo Valdéz, Olga Guillot, María Dolores Pradera, Jorge Velosa, de Cerati que nos lo peleamos con el más allá, somos dueños de
Caetano Veloso, Gilberto Gil, Roberto Carlos, llevamos letras de Juan Gabriel y
Vicente Fernandez tatuadas en la piel. Somos dueños de la salsa, el merengue,
el vallenato, la cumbia, el porro (el que se baila), del que se fuma creo que
saben más ustedes, la bachata, la guabina, la samba, la cueca, el forró, los
corridos, el guaguancó, somos dueños de Omar Rayo, Frida Kahlo, Guayasamín,
Diego Rivera, Alejandro Obregón, el detestable Botero, tenemos escriturado al Chavo del 8, a Don Chinche, a Capulina, somos dueños del Caribe
y de un Pacífico, de aguas de color de plomo y de aguas azul turquesa como el
cielo del verano. Somos dueños sobretodo
de un infatigable espíritu de supervivencia que lucha contra todo para
aferrarse a este mundo del que parecemos estar destinados a desaparecer.
Señores, es tal vez este el momento indicado para dejar de
quejarse y entender que se puede vivir de otra manera. Es tal vez la hora de aprender que se puede
subsistir con menos de todo aquello que ustedes malgastan. Señores recuerden que el resto del mundo
consume el 25% de los recursos y ustedes en plena “crisis” el 75%
restante. Tal vez ni siquiera tienen
motivos para quejarse, porque tal vez esta crisis es la única solución posible
a un mundo que tal como ustedes imaginan no tiene salida. Porque como recalcaba Pepe Mujica en su
discurso para Rio +20, este mundo no sobrevivirá si todos queremos vivir como
ustedes.
Soy hijo de la crisis y quiero creer que ha llegado el momento
para des-desarrollarse, de des-aprender lo que es el progreso, y rasgarnos
las ataduras a este mundo que nos domina y construir uno nuevo en donde la
crisis no la dicten los números, si no las calidades de vida de cada uno de las
6000 millones de almas que merodean este marchito planeta.
