lunes, 2 de julio de 2012

Hablando de crisis.


En estos días especialmente el desgaste al que se ve sometido el término crisis por cuenta de los rescates europeos es excepcional, y me da para reflexionar el efecto de dicho termino en la imaginación del consumidor.  Primero debo partir por reconocer que cierto morbo me obliga saborearme cada vez que algún local se amalaya la existencia por cuenta de esta neo-crisis que los llena de tristezas, sí, es el morbo de la venganza, la venganza de ese sudaca exaltado que llevo dentro, y que tanto quiero, es ese morbo de aquel que toda la vida ha esperado porque ese verdugo sufra lo que alguna vez sufrió.  Pido disculpas de antemano a todo aquel que pueda llegar a ver heridas sus susceptibilidades por cuenta de mis ideas, pero tienen la fortuna de no tener que compartirlas.
Señores, las crisis no son para temer. Soy producto (y muchos podrán alegar  que tal vez defectuoso) de una tierra que ha vivido en crisis desde aquella fatídica mañana de ese 12 de octubre en el que un navegante aventurero se tropezó con un continente que era pujante, lleno de sabiduría y de tradición y lo convirtió en el cagadero de una península monárquica y asquerosamente católica.  Nunca más fuimos los mismos, y hemos vivido en crisis por los últimos casi ya 6 siglos.  Y en esta crisis han surgido cosas maravillosas de las que los que habitan a este lado se pierden porque los crían incapaces de ver allende el mar.
Señores nosotros somos dueños de Carlos Fuentes, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, de Lola Beltrán, Mercedes Sosa, Celia Cruz, Bebo Valdéz, Olga Guillot, María Dolores Pradera, Jorge Velosa, de Cerati que nos lo peleamos con el más allá,  somos dueños de Caetano Veloso, Gilberto Gil, Roberto Carlos, llevamos letras de Juan Gabriel y Vicente Fernandez tatuadas en la piel. Somos dueños de la salsa, el merengue, el vallenato, la cumbia, el porro (el que se baila), del que se fuma creo que saben más ustedes, la bachata, la guabina, la samba, la cueca, el forró, los corridos, el guaguancó, somos dueños de Omar Rayo, Frida Kahlo, Guayasamín, Diego Rivera, Alejandro Obregón, el detestable Botero, tenemos escriturado al Chavo del 8, a Don Chinche, a Capulina, somos dueños del Caribe y de un Pacífico, de aguas de color de plomo y de aguas azul turquesa como el cielo del verano.  Somos dueños sobretodo de un infatigable espíritu de supervivencia que lucha contra todo para aferrarse a este mundo del que parecemos estar destinados a desaparecer.
Señores, es tal vez este el momento indicado para dejar de quejarse y entender que se puede vivir de otra manera.  Es tal vez la hora de aprender que se puede subsistir con menos de todo aquello que ustedes malgastan.  Señores recuerden que el resto del mundo consume el 25% de los recursos y ustedes en plena “crisis” el 75% restante.  Tal vez ni siquiera tienen motivos para quejarse, porque tal vez esta crisis es la única solución posible a un mundo que tal como ustedes imaginan no tiene salida.  Porque como recalcaba Pepe Mujica en su discurso para Rio +20, este mundo no sobrevivirá si todos queremos vivir como ustedes.
Soy hijo de la crisis y quiero creer que ha llegado el momento para des-desarrollarse, de des-aprender lo que es el progreso, y rasgarnos las ataduras a este mundo que nos domina y construir uno nuevo en donde la crisis no la dicten los números, si no las calidades de vida de cada uno de las 6000 millones de almas que merodean este marchito planeta.