martes, 20 de marzo de 2012

Colega el libro no se juzga por la carátula!

No entiendo como aun existen personas que albergan en su interior creencias sobre la existencia de una raza superior, por lo general, blanca, rubia y del viejo continente, pero no solo eso, además algunos van más allá creyendo que ese "mágico jardín" llamado América, existe gracias a la pericia de aquel marino ignorante que confundió una india con la India.

Pues no, lamento discrepar señores, aquella fatídica mañana del 12 de octubre de 1492, este señor de apellido Colón, del que aun nadie sabe de donde salió, que si era genovés, que si era catalán, igual da lo mismo, lo único cierto es que era un charlatán; pues aquella mañana triste en que la Isla de San Salvador puso a salvo su gaznate, en la ciudad más grande de Europa, apenas trescientas mil almas se revolcaban entre las podredumbres del cristianismo medieval, imagino ese aire enrarecido, aun con olor a peste, y evidentemente como persiste hoy en día, a poco baño corporal, suscristo endito que jedentina! Y mientras eso pasaba setecientas mil personas vivían en la más grande ciudad de ese nuevo mundo con el que se acababa de tropezar. Setecientos mil teotihuacanos libres de gripa, sin enfermedades sexuales, y con avances científicos que moldearon la vida del viejo y ya entonces decrépito continente europeo. Papa y tomate solo para condimentar un ejemplo.

No señores, no vivimos en taparrabos, ni andamos colgados de las lianas. Si, somos pobres, y mucho, porque nuestro oro ha financiado su opulencia y porque el hambre nos hace ignorantes, orates por malformación, pero a muchos aun nos queda mucha dignidad e imaginación. Sus herencias han sido más malas que buenas, porque ni siquiera mandaron gente buena en esa flotilla de bateas destartaladas que navegó en camino a la India, y con ellos llegó la misma corrupción y la misma burocracia que en pleno 2012 me hace sentir tan en casa.

No señores, no somos tan distintos, no nos pregunten con ojos extrañados porque somos de tal o cual color, o que si parecemos o no mexicanos o colombianos, porque en vuestro obtuso imaginario son incapaces de recrear la multiplicidad de delicias de las que está cargada la tierra Americana. Vengo de negro esclavo, indio, inmigrantes y conquistadores amañados, soy caribe y poliglota, sudaca y viajero frecuente, pero también los hay de esos que nunca salen de ese Macondo tropical, o de su villorrio de altiplanicie, o de cualquier mágico lugar de entre la Tierra de Fuego y el Rio Bravo.

No somos una sola cosa, somos muchas a la vez, estamos llenos de variedad y diversidad, somos alquimia de la historia, cargamos con la humanidad a cuestas, por eso tantos colores y combinaciones como vuestras mentes sean capaces de imaginar, argentinos negros, dominicanos indígenas, mejicanos morochos, colombianos rubios, en nuestra tierra todas las opciones son viables. Por eso como dice la canción: cuando Dios hizo el Edén lo hizo en América.

Por fortuna sé que cada vez son menos aquellos que se han quedado solo en el estereotipo y más los que entienden que existimos algunos a quienes el término sudaca ni nos quita ni nos pone, porque sobre cualquier cosa no somos ni ladrones ni timadores. De que los hay, los hay. Tal vez herencia de aquellos que a punta de espejitos despojaron la América Azteca de todo el oro que pudieron, y muy seguramente parientes cercanos de esos que han desangrado las arcas de este tierra, mal llamada madre patria, que vivió de sus hijos y hoy los mira con cierto desdén, como quien mira con desprecio.

No señores, no lo piensen tanto, que tal vez el empaque sea distinto, pero el contenido es casi el mismo!!!

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