Han pasado 14 días desde que llegué a esta ciudad, desde que comencé esta aventura que tuve en mi cabeza por más de 10 años, dándole forma, esquivándola, llenándome de razones y de excusas. Finalmente y después de un montón de pequeños obstáculos que magnificados por el lente del desespero fueron minando mis enterezas, estoy en una ciudad que no es como la recordaba, que no huele a mar, pero en la que se come delicioso.
Correr es lo que más he hecho en estos 14 días, físicamente y también de una forma no corporal. Mi espíritu, como asegura García Márquez, no viajó conmigo en esa odisea aérea, pero creo que finalmente ha arribado. Han Pasado 11 años desde mis últimos estudios, 11 años de trabajo, de experiencias, pero también de mucho des-aprendizaje. Gente ha ido, gente ha venido y gente irá, pero estos últimos 7 años han sido especialmente duros en términos de sociedad, tanta porquería junta y yo sin poder verla. Por fortuna la vida sabe ponerte en el camino todo aquello que perdurará, que te ayudará más sin embargo viviremos extrañando a unos y disfrutando a otros.
No puedo negar que extraño cosas, mis atardeceres, mis ruidos, mis olores, mis colores, mis afectos, mi trópico, me he diseñado para ser 100% cartagenero, pero cuando tamizo los últimos tiempos los saldos me quedan en rojo. Salir era una obligación conmigo mismo. Poco a poco revive ese yo que golpes quedó en coma.
Me han vuelto las ganas de escribir.
Me han vuelto las ganas de aprender.
Me han vuelto las ganas de captar instantes con mi lente inexperto.
Tal vez aún sea muy temprano para decir que Barcelona sea el destino, pero al menos creo que ha sido una excelente elección para comenzar el camino.
