lunes, 2 de noviembre de 2009

Luna Sanjuanera

Luna de Diciembre
luna sanjuanera
dile que regrese
porque no aguanto
ay! porque no aguanto
vuelve mi negra

Hace días mientras disfrutaba de uno de esos momentos en los que el amor, la amistad y el alcohol, construyen recuerdos imborrables y se afianzan los lazos del cariño, en un acto de abstracción personal me descubrí cantando aquel ritmo musical que durante dos tercios de mi vida encontré melodramáticamente vacío, popular y busetero. Siempre me he abstenido de usar el “jamás” por aquello del nunca digas nunca, pero de ahí a imaginarme que algún día estaría disfrutando un vallenato había un trecho largo.

No se en que momento acabó el rechazo, no se como se rompió ese hielo, ese prejuicio, que muy a pesar de haber nacido en una familia que disfruta el vallenato, casi tanto como la comida; se desvaneció. Tal vez fue culpa de este despecho óseo que durante el último tercio de mi vida he aprehendido, que no aprendido, de un modo tan visceral; ese despecho que de forma casi magnética me ha hecho repeler todos esos temas rosas del corazón, y que me ha arrojado de una manera un tanto desesperada a el territorio casi siempre neutral de la amistad. O tal vez aquellas tardes de domingo, aletargadas y frías de ese mundo aparte enclavado en los cerros capitalinos donde terminé de crecer. O fue tal vez esa “saudade” (y uso el termino brasilero, no por ser snob, sino por considerarme incapaz de traducirlo) de familia y de tierra, las que de una manera sutil me fueron poniendo en el camino del folklore del Valle del cacique Upar.

Para no alargar el cuento, si ahora me gusta el vallenato, y esta es una confesión que solo me debo a mi mismo y que en el más egoista de los sentidos me escribo a mi mismo. No me gustan todos, pero cada vez con mayor frecuencia una nota sentida, o un verso inesperado logran abrirme el pecho con una espada y sacarme en pedazos los recuerdos, esos que con tanto empeño intento mantener encadenados en el fondo de los olvidos. Ciertas notas tañen esa cuerda de la melancolía y desbordan recuerdos, olores, amores, cariños, amigos, odios, tristezas y despechos, pero también y de una manera absolutamente dicotómica son capaces de levantarte el ánimo, de esparcir en el aire olores a sancocho en leña, de noche de guacherna, de tarde divertida en la oficina, de recuerdos y recuerdos.

Tal vez lo que me gusta ahora no sea el vallenato, tal vez lo que realmente disfruto ahora son mis recuerdos, los buenos y los malos, los tristes y los felices, tal vez es a esto a lo que llaman madurez, espero que solo sea un tal vez. Pero si madurar es apreciar todas aquellas instantáneas en el disco duro de mi única neurona sobreviviente y que con frecuencia se manifiestan con una banda sonora especial y finamente escogida a través de 30 años, lamento confesar que tal vez lo estoy haciendo.

Lo que si no lamento es aprovechar este desenfreno de palabras para agradecer a todos y cada uno de los que me han dejado ser parte de sus momentos, todas los matrimonios a los que fui invitado, GRACIAS, espero que no haya sido por los regalos porque los míos siempre fueron líchigos, es más aun debo un par por ahí. A todos los que me han dejado participar de la alegría de los hijos, a la mamá de mi única ahijada por el regalo más especial de mi trigésimo aniversario. Gracias también a aquellos que salieron de mi vida, porque de ellos también aprendí, porque de ellos también quedaron recuerdos, que siempre serán suficientes para mantener un cariño reposado.

Pero a los que tendré que seguir dedicando líneas será a los que hoy están y que a pesar de las diferencias tienen el firme deseo de seguir hasta que el destino, Dios y la vida nos den licencia.

Definitivamente el que nunca ha estado ausente no ha sentío guayabo, hoy lo que motivó todo esto es el profundo guayabo que me da tener tantos amigos lejos cuando uno necesita tenerlos cerca, pero también creo que capotear la soledad en el ruedo de la vida, es madurar.

Ay recuérdame cuando escuches mis versos tan tristes, porque yo los recuerdos a cada paso, a cada rato en esta construcción colectiva del vivir. Gracias por dejarme participar en el libreto de cada una de sus vidas. Al fin y al cabo lo del vallenato resultó ser solo un pretexto, ojalá haya sido bueno!!!!!
Entrada del 16 de marzo de 2009

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