Aquellos que residen fuera de este paraíso de cuerpos cachacos, color camarón tirados en la brasa ardiente de este trópico díscolo, no entenderá la tortura que es soportar este calor abrasador que se siente más fuerte cuando cada mañana mi destino no fija su rumbo al descanso relajado de los que habitan fuera. Es en estos días de infernal calor cuando más extraño mi fría cama capitalina.
Pero eso es lo que menos extraño al medio día. En mis días de adolescencia descubrí de manera un poco traumática que era alérgico a los desodorantes, traumático por el hecho de que la genética me premió con un olfato casi canino, y tener que soportar mis propios olores, aunque fuesen mios, no estaban dentro de mi presupuesto, más aun si no podía rendir culto a la tradición aromatica gala, y esconder el popular golpe de ala bajo rios de guerlain y givenchy. Por fortuna pronto descubrí, que mi reacción alérgica era al perfume de los desodorantes y no al desodorante mismo, y tras una cruzada por el mundo de los erradicadores de aromas encontré mi nicho en el segmento de los desodorantes sin fragancia.
Por fortuna nací en buena cuna, parafraseando un sabio amigo; y he transitado por toda clase de productos importados que minimizan la agresión a mi popular sobaco, y es por esta razón que jamás pensé dedicar la energía de mi neurona a elogiar al más popular de los desodorantes, y con todo el aire de mis pulmones no me canso de pregonar, que viva la YODORA!!!
Muchos años han pasado desde la primera vez que me sentí el que en mi tierra popularmente llamamos grajo, y mucho tambien que lo combatí sin jamás haber recurrido a la YODORA, ese tarrito azul, pastoso y barato que tantos años ha durado en nuestra memoria por su protección a toda hora, y solo hasta ahora siento la necesidad imperiosa de alabar sus méritos.
No saben cuanto pienso en ese tarrito cuando cada medio día, justo después de volver, muy perfumado y recién peinado tras mi siesta al medio día y tengo que compartir el habitáculo del elevador con más de un personaje que ha podido sobrevivir ignorante de su existencia, cuantas ganas siento de propagar su mensaje divino, de fundar una congregación de hombres y mujeres limpios de alma, cuerpo y sobaco, que dejen huella en los demás por algo mas profundo que ese maldito grajo que parecen no sentir.
Quisiera encontrar culpables, y todos me miran mal cuando de mala manera corto el aire en mis pulmones con un gesto poco amable y una cara de peñón, pero es que un límite hay que tener, no me ofendas con tu grajo que tal vez un desgraciado se vengue con un gas de abajo, y en este lugar habremos de perecer. Aun recuerdo cuando de niño tarareba este alegre son: cucaracha muerta, sapo reventado, todos los cachacos huelen a meao!!!, y después de 9 años en busetas de concordia germania y cebolleros directo caracas lamento confirmar, que aunque no lo fueron todos, si fueron muchos, pero ahora que regreso encuentro la viga en el ojo nuestro y pienso que el Dr. Curi, ilustre prohombre de esta comarca, en vez de repartir abanicos en la campaña, debió regalar tarritos de YODORA que seguramente refrescan más y son más baratos.
Solo espero que este escrito cause una huella profunda en la historia de esta nación cartagenera, que cada vez que nos topemos con esos aromas corporales tan comunes en estas épocas de calor desmedido recordemos la valiosa y desafortunadamente ignorada labor que calladamente, año tras año la YODORA salvadora ha hecho por más de uno de los que tal vez ahora se rien, es su deber mostrales el camino a las ovejas perdidas, es su deber llevar la palabra, es su deber compartir la salvación. Amigos sientanse orgullosos de haber conocido la YODORA, y repitan con sentimiento QUE VIVA LA YODORA Y QUE MUERA EL GRAJO HIJUEPUTA!!!!!
Pero eso es lo que menos extraño al medio día. En mis días de adolescencia descubrí de manera un poco traumática que era alérgico a los desodorantes, traumático por el hecho de que la genética me premió con un olfato casi canino, y tener que soportar mis propios olores, aunque fuesen mios, no estaban dentro de mi presupuesto, más aun si no podía rendir culto a la tradición aromatica gala, y esconder el popular golpe de ala bajo rios de guerlain y givenchy. Por fortuna pronto descubrí, que mi reacción alérgica era al perfume de los desodorantes y no al desodorante mismo, y tras una cruzada por el mundo de los erradicadores de aromas encontré mi nicho en el segmento de los desodorantes sin fragancia.
Por fortuna nací en buena cuna, parafraseando un sabio amigo; y he transitado por toda clase de productos importados que minimizan la agresión a mi popular sobaco, y es por esta razón que jamás pensé dedicar la energía de mi neurona a elogiar al más popular de los desodorantes, y con todo el aire de mis pulmones no me canso de pregonar, que viva la YODORA!!!
Muchos años han pasado desde la primera vez que me sentí el que en mi tierra popularmente llamamos grajo, y mucho tambien que lo combatí sin jamás haber recurrido a la YODORA, ese tarrito azul, pastoso y barato que tantos años ha durado en nuestra memoria por su protección a toda hora, y solo hasta ahora siento la necesidad imperiosa de alabar sus méritos.
No saben cuanto pienso en ese tarrito cuando cada medio día, justo después de volver, muy perfumado y recién peinado tras mi siesta al medio día y tengo que compartir el habitáculo del elevador con más de un personaje que ha podido sobrevivir ignorante de su existencia, cuantas ganas siento de propagar su mensaje divino, de fundar una congregación de hombres y mujeres limpios de alma, cuerpo y sobaco, que dejen huella en los demás por algo mas profundo que ese maldito grajo que parecen no sentir.
Quisiera encontrar culpables, y todos me miran mal cuando de mala manera corto el aire en mis pulmones con un gesto poco amable y una cara de peñón, pero es que un límite hay que tener, no me ofendas con tu grajo que tal vez un desgraciado se vengue con un gas de abajo, y en este lugar habremos de perecer. Aun recuerdo cuando de niño tarareba este alegre son: cucaracha muerta, sapo reventado, todos los cachacos huelen a meao!!!, y después de 9 años en busetas de concordia germania y cebolleros directo caracas lamento confirmar, que aunque no lo fueron todos, si fueron muchos, pero ahora que regreso encuentro la viga en el ojo nuestro y pienso que el Dr. Curi, ilustre prohombre de esta comarca, en vez de repartir abanicos en la campaña, debió regalar tarritos de YODORA que seguramente refrescan más y son más baratos.
Solo espero que este escrito cause una huella profunda en la historia de esta nación cartagenera, que cada vez que nos topemos con esos aromas corporales tan comunes en estas épocas de calor desmedido recordemos la valiosa y desafortunadamente ignorada labor que calladamente, año tras año la YODORA salvadora ha hecho por más de uno de los que tal vez ahora se rien, es su deber mostrales el camino a las ovejas perdidas, es su deber llevar la palabra, es su deber compartir la salvación. Amigos sientanse orgullosos de haber conocido la YODORA, y repitan con sentimiento QUE VIVA LA YODORA Y QUE MUERA EL GRAJO HIJUEPUTA!!!!!
Entrada del 6 de junio de 2007

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