Bueno, tarde o temprano todo hijo pródigo vuelve a casa, y yo aunque llevaba rato rondándola, las palabras se me escurrían. Hoy he vuelto para quedarme, y aquí voy en picada como siempre.
Mientras rondaba, pensaba y veía y observaba, y pretendía entender como una ciudad con todo el potencial no era nada más que pretensiones, ilusiones, y “fartedades”, pues si, me refiero a mi querida Cartagena de Indias, a cual más, y después de mucho he llegado a una incomoda conclusión: quiero a Cartagena pero detesto a los Cartageneros. Respire, suspire y siga, que mi diatriba apenas comienza.
Se preguntarán a esta altura como un Cartagenero como yo, podrá tener el coraje de decir que detesta a los cartageneros, y pues mis razones tengo. Disfrutar esta ciudad se ha vuelto cada vez más difícil por culpa de esta caterva de vencejos paridos en sus calles polvorientas. Cómo disfrutar esta ciudad que tiene por banda sonora manadas de taxis colectivos que en su afán de llenar sus puestos recurren a estrenar pitos, y en un desorden sicodélico ahogan la ciudad en un pi pi pi pi pi pi pi retórico y exasperante?. Cómo disfrutar esta ciudad tropical si una generación de arquitectos educados a punta de revista y escasos de criterio ha decidido que las palmeras refrescan más que cauchos, bongas y almendros centenarios, ellos que jamás han cruzado el camellón de los martirios a plena luz del medio día?, pues ellos deciden el futuro urbanístico de una ciudad sin ley. Si, sin ley, esta es una ciudad que embrutece, esa frase retumba en mi cabeza desde la primera vez que la oí, y retumba porque me entristece develar cuanto hay de verdad en ella.
En esta ciudad intentamos desconocer lo que somos, por eso en el muelle de los pegasos hace años que no atracan barcos, irónico pero cierto, y por eso ahora lo que hay en el camellón en vez de estatuas son mártires que día a día se ven en la penosa obligación de cruzarlo; esta ciudad llena de caños verdes y exuberantes se cierra ante ellos, los desconoce y los niega, y sus ilustres arquitectos imberbes. En esta ciudad los problemas no se solucionan, se trasladan como el mercado, y ahora Bazurto y luego quien sabe que, la única ley que se cumple en esta ciudad es la del menor esfuerzo, y a cabalidad. Pero desafortunadamente todo esto es reflejo de la escasez mental de quienes fuimos paridos en esta tierra de las maravillas.
Aquí se dobla a la derecha desde el carril izquierdo, las calles son pa' caminar y los andenes pa’ vender….los dueños de las calles son los moto taxistas, o los taxista, o los choferes de buses, en todo caso cualquiera menos usted o el estado. Aquí cualquier anden es parqueadero, y cualquier cuidador de carro es informante del tránsito, en los parqueaderos está prohibido parquear. El sol no tiene perdón, y el agua no tiene sifón. En cualquier garaje cabe una feria del brassier y solo cucos, o un SAI o una farmacia, aquí hay de todo menos control. Esta es una ciudad a la que solo le queda vivir del turismo, porque nadie da pa’más, pero en pocos lugares del mundo hay peores meseros que en esta ciudad, ineficientes, desatentos y poco corteses, si usted encuentra lo contrario, seguramente es cachaco, va caminando por la plaza santo domingo y está a punto de dejar la billetera por una cerveza al clima y una pasta de lo peor.
Pero en esta ciudad he visto los mejores atardeceres de mi vida, el mango biche con sal y el jugo de zapote saben como en ningún otro de la bolita del mundo y sus alrededores, solo aquí se come arroz de cangrejo, solo aquí las griegas son galletas, y ni se ven ni se oyen. Solo aquí vuelan nubes verdes y sonoras al atardecer, solo aquí vuelan bolsas como aves, solo aquí se decoran los andenes con frutas, solo aquí se desbordan de flores los balcones. Puro potencial, pero de nada sirve una mina de oro sin mineros, y aquí lo que menos hay es gente dispuesta a trabajar por el bien común, este es el reino del egoísmo, sin embargo mañana en un canto unísono y armónico todos se darán abrazos de amor y amistad, pero que hacemos por mejorar la vida de esos a quienes decimos querer?, pues parece ser poco, porque esta ciudad cada vez está peor. Por eso a mi no me digan un “CAZZO”, que el amor y la amistad, me gustan más cuando no se dicen, me gustan más cuando se demuestran, a la mierda con tanta palabrita que aquí todo es egoísmo puro!!!!!
Mientras rondaba, pensaba y veía y observaba, y pretendía entender como una ciudad con todo el potencial no era nada más que pretensiones, ilusiones, y “fartedades”, pues si, me refiero a mi querida Cartagena de Indias, a cual más, y después de mucho he llegado a una incomoda conclusión: quiero a Cartagena pero detesto a los Cartageneros. Respire, suspire y siga, que mi diatriba apenas comienza.
Se preguntarán a esta altura como un Cartagenero como yo, podrá tener el coraje de decir que detesta a los cartageneros, y pues mis razones tengo. Disfrutar esta ciudad se ha vuelto cada vez más difícil por culpa de esta caterva de vencejos paridos en sus calles polvorientas. Cómo disfrutar esta ciudad que tiene por banda sonora manadas de taxis colectivos que en su afán de llenar sus puestos recurren a estrenar pitos, y en un desorden sicodélico ahogan la ciudad en un pi pi pi pi pi pi pi retórico y exasperante?. Cómo disfrutar esta ciudad tropical si una generación de arquitectos educados a punta de revista y escasos de criterio ha decidido que las palmeras refrescan más que cauchos, bongas y almendros centenarios, ellos que jamás han cruzado el camellón de los martirios a plena luz del medio día?, pues ellos deciden el futuro urbanístico de una ciudad sin ley. Si, sin ley, esta es una ciudad que embrutece, esa frase retumba en mi cabeza desde la primera vez que la oí, y retumba porque me entristece develar cuanto hay de verdad en ella.
En esta ciudad intentamos desconocer lo que somos, por eso en el muelle de los pegasos hace años que no atracan barcos, irónico pero cierto, y por eso ahora lo que hay en el camellón en vez de estatuas son mártires que día a día se ven en la penosa obligación de cruzarlo; esta ciudad llena de caños verdes y exuberantes se cierra ante ellos, los desconoce y los niega, y sus ilustres arquitectos imberbes. En esta ciudad los problemas no se solucionan, se trasladan como el mercado, y ahora Bazurto y luego quien sabe que, la única ley que se cumple en esta ciudad es la del menor esfuerzo, y a cabalidad. Pero desafortunadamente todo esto es reflejo de la escasez mental de quienes fuimos paridos en esta tierra de las maravillas.
Aquí se dobla a la derecha desde el carril izquierdo, las calles son pa' caminar y los andenes pa’ vender….los dueños de las calles son los moto taxistas, o los taxista, o los choferes de buses, en todo caso cualquiera menos usted o el estado. Aquí cualquier anden es parqueadero, y cualquier cuidador de carro es informante del tránsito, en los parqueaderos está prohibido parquear. El sol no tiene perdón, y el agua no tiene sifón. En cualquier garaje cabe una feria del brassier y solo cucos, o un SAI o una farmacia, aquí hay de todo menos control. Esta es una ciudad a la que solo le queda vivir del turismo, porque nadie da pa’más, pero en pocos lugares del mundo hay peores meseros que en esta ciudad, ineficientes, desatentos y poco corteses, si usted encuentra lo contrario, seguramente es cachaco, va caminando por la plaza santo domingo y está a punto de dejar la billetera por una cerveza al clima y una pasta de lo peor.
Pero en esta ciudad he visto los mejores atardeceres de mi vida, el mango biche con sal y el jugo de zapote saben como en ningún otro de la bolita del mundo y sus alrededores, solo aquí se come arroz de cangrejo, solo aquí las griegas son galletas, y ni se ven ni se oyen. Solo aquí vuelan nubes verdes y sonoras al atardecer, solo aquí vuelan bolsas como aves, solo aquí se decoran los andenes con frutas, solo aquí se desbordan de flores los balcones. Puro potencial, pero de nada sirve una mina de oro sin mineros, y aquí lo que menos hay es gente dispuesta a trabajar por el bien común, este es el reino del egoísmo, sin embargo mañana en un canto unísono y armónico todos se darán abrazos de amor y amistad, pero que hacemos por mejorar la vida de esos a quienes decimos querer?, pues parece ser poco, porque esta ciudad cada vez está peor. Por eso a mi no me digan un “CAZZO”, que el amor y la amistad, me gustan más cuando no se dicen, me gustan más cuando se demuestran, a la mierda con tanta palabrita que aquí todo es egoísmo puro!!!!!
Entrada del 18 de septiembre de 2008

Aun así, los quiero mas que a los cachacos, que le vamos a hacer
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