lunes, 2 de noviembre de 2009

De otros demonios y mi amistad!

Soledad, eterna compañera de mis rincones. En estos días vuelvo a pensar en la amistad, en lo que significa ser un amigo de verdad. Pienso en como transcurre el tiempo y como la gente entra y sale de nuestras vidas. He confirmado que en la amistad no existen envidias, que los logros y las penas se comparten, que el cariño no se empeña ni se condiciona. Los de verdad, los de siempre, eso son los duraderos, los que no exigen, solo dan y esperan, los que no cobran por el cariño.

Años de golpes y decepciones mercantilistas me han demostrados que los amigos son aquellos que no se pre-ocupan en durar, solo existen, son los que transitan por caminos paralelos, pero no nos rebasan, solo nos alientan cuando nos sentimos desfallecer, y nos celebran cuando rebasamos nuestras metas. Los que a pesar de la distancia nos llevan cerca, metidos en el corazón y en el pensamiento. Los que no necesitan oírlo pa’saberlo, a los que quiero.

Enumerar a los que quiero decirles esto, no tiene sentido, ellos lo saben, todos y cada uno, que tal vez como me han dicho, son pocos, pero para mi son muchos, porque me dan tanto que me sobra cariño y amistad pa’repartir, cachacos, quilleros, toches, samarios, paisanos, de aquí, y de más allá, todos lo saben. Verlos me alegra, me devuelve la confianza en mi, me ayuda a superar lo malo, lo triste, lo duro, lo que enseña a punta de cicatrices.

Para aquellos que no ven un ogro en mí, para los que no lloran con mi maltrato, para los que me extrañan y confían en mí, para los que no truecan mi cariño. Para los que no hablan a mis espaldas y me ven a los ojos, para los que no tergiversan mis palabras, para los que extraño y con los que me divierto, para los que aprenden de mí y conmigo, para los que me enseñan. Para los que me divierten y se divierten conmigo. Para los que me cuentan sus secretos y a quienes yo les cuento los míos. Para aquellos hermanos que me dio la vida, los que me hieren con su indiferencia, con sus olvidos, pero me recompensan con su cariño. Son muchos, son tantos, para ellos miles de gracias. Para los que me conocen desde hace mucho, para los que me conocen hace muy poco, pero que me conocen de verdad, que me aceptan y que se muestran tal cual son, para los que andan sin mascaras, sin engaños, para ellos mi corazón. Los quiero ver iluminando mi vida, iluminándonos la vida hasta el final y más allá de la muerte.

Y a los que vienen, a ti que te ruego que no te de miedo conocerme, aquí te pongo mi corazón rebanado. Esto es lo que soy, un negro bembón de pelo desordenado dispuesto a dar sin recibir, pero ilusionado con tus ojos, esperando la señal para dejar todo a un lado. “Como quisiera encontrarte, cruzar tu vida un instante, que te quedaras conmigo nada más”.
Entrada del 7 de noviembre de 2008

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